La uva nebbiolo es una de las más difíciles de vinificar, más aún que la pinot noir. Es la variedad representativa del Piamonte italiano y sus vinos, tanto el Barolo como el Barbaresco, son de los más apreciados a nivel internacional.
El vino que hoy analizo es un monovarietal de la uva nebbiolo vinificado en la población de Serralunga D'Alba, a pocos kilómetros de Barolo, en el noroeste de Italia. Estos vinos se caracterizan por una importante carga tánica que solo el tiempo es capaz de suavizar, en cambio el buen trabajo del viticultor Guido Porro (que procede de una familia de viticultores que se encuentra ya en su sexta generación) hace posible que un vino con apenas cinco años sea prácticamente redondo.
Este vino se caracteriza por tener un marcado equilibrio entre concentración y ligereza. Ha recibido la fermentación alcohólica en depósitos de cemento y la maloláctica en acero inoxidable. La posterior crianza ha sido llevada a cabo en grandes y viejos toneles de roble esloveno de más de 1000 litros, durante dos años, recibiendo un año extra de guarda en botella antes de ser comercializado. Las uvas proceden de cepas con más de 50 años de antigüedad, con una orientación sur-suroeste que reciben una intensa insolación, muy adecuada para esta variedad, asentadas en suelos arcilloso-calcáreos.
Se trata pues, de un fiel representante de los grandes Barolo, vinos por norma muy caros, aunque en el caso de este el precio es una virtud añadida (sólo 26€).
A la vista es uno de los vinos más bellos que he tenido la suerte de disfrutar. Presenta un color guinda con ribete anaranjado, poco cubierto y con lágrima densa. Extraordinariamente limpio y brillante.
En nariz se muestra intenso y muy complejo. Hay que darle un tiempo en la copa para que se airee y nos muestre todos sus matices. Entrega notas de ciruelas y especias, caramelo de feria, guindas, trufa y un lejano matiz a alquitrán.
En boca tiene una entrada fresca y potente, ligeramente alcohólica y presenta una perfecta acidez. Tiene una buena estructura con taninos algo secos, con notas de guindas en licor, cuero y buena madera. Cerezas y especias dominan la retronasal. Es un vino de largo recorrido y con un final amplio y gran persistencia.
Un Barolo listo para ser disfrutado hoy, pero al que 4 ó 5 años más en botella no harán sino mejorar su potencial, suavizando los taninos y ampliando su espectro olfativo y gustativo. Ideal para maridar con un jugoso osobuco al horno, carnes rojas a la plancha, caza y aves de corral. También acompaña muy bien unas tostaditas con foie y quesos grasos con buena curación. Un vino equilibrado, elegante y muy especial, recomendado para todo aquel que quiera introducirse en los vinos italianos, y al buen amante del vino en general. Mi calificación para este Guido Porro Vigna Lazzairasco en su añada de 2009 es de un 94 sobre 100.
sábado, 31 de mayo de 2014
viernes, 30 de mayo de 2014
Gallinas & Focas 2011
Gallinas & Focas es un ejemplo único en nuestro país de cómo integrar el trabajo vinícola en un proyecto solidario. La unión de la laureada bodega mallorquina 4Kilos Vinícola con la fundación Amadip Esment, encargada de la integración de personas con discapacidad mental y sus familias, dan lugar a una excelente propuesta gastronómica: la de llevar a la mesa algo más que un simple vino.
El trabajo detrás de este Gallinas & Focas (nombre que surge en una sesión de brainstorming en la que finalmente una de las componentes de la asociación decide que este nombre es ideal porque "las gallinas son divertidas y las focas aplauden") es un ejemplo de esfuerzo y buenas maneras. Como curiosidad decir que los dibujos que ilustran la etiqueta del vino están hechos por miembros de la propia fundación.
El vino es un gran ejemplo de la vinificación de las Islas Baleares, con un 80% de la uva autóctona manto negro y un 20% de syrah con una crianza de 15 meses en barricas nuevas de roble Allier francés de 500 litros para lograr un coupage equilibrado y de gran factura. El precio del vino (entre los 19 y 20€), en este caso, carece de valor ya que al comprar una botella de Gallinas & Focas se está participando en un proyecto solidario.
A la vista, el vino presenta un color cereza muy brillante con ribete rosado, poco cubierto y con lágrima de media densidad.
En nariz se muestra intenso, frutal, con notas a fresas, especias y regaliz rojo. Al airearlo deja un cierto matiz a hierba mojada muy agradable.
En boca posee una entrada envolvente, es un vino redondo, carnoso, con taninos sumamente sedosos, con notas a frutas rojas como el fresón, roble cremoso, especiado y con un ligero matiz a cuero. Especias y buena madera en la retronasal para dar paso a un final largo y de buena persistencia.
Un vino excelente elaborado a través de una viticultura racional y de mínima intervención en la que el enólogo Francesc Grimalt se ha preocupado de trascender más allá de un proyecto solidario, un producto vinícola impecable. Ideal para maridar con carnes rojas a la parrilla, quesos y embutidos, se mostrará como fiel compañero de mesa en diversas ocasiones gastronómicas. De esta misma bodega cabe resaltar su joven 12 Volts y, por supuesto, uno de los vinos más apreciados de nuestro país, el impecable 4 Kilos. Mi calificación para este Gallinas & Focas en su añada de 2011 es de un 91 sobre 100.
El trabajo detrás de este Gallinas & Focas (nombre que surge en una sesión de brainstorming en la que finalmente una de las componentes de la asociación decide que este nombre es ideal porque "las gallinas son divertidas y las focas aplauden") es un ejemplo de esfuerzo y buenas maneras. Como curiosidad decir que los dibujos que ilustran la etiqueta del vino están hechos por miembros de la propia fundación.
El vino es un gran ejemplo de la vinificación de las Islas Baleares, con un 80% de la uva autóctona manto negro y un 20% de syrah con una crianza de 15 meses en barricas nuevas de roble Allier francés de 500 litros para lograr un coupage equilibrado y de gran factura. El precio del vino (entre los 19 y 20€), en este caso, carece de valor ya que al comprar una botella de Gallinas & Focas se está participando en un proyecto solidario.
A la vista, el vino presenta un color cereza muy brillante con ribete rosado, poco cubierto y con lágrima de media densidad.
En nariz se muestra intenso, frutal, con notas a fresas, especias y regaliz rojo. Al airearlo deja un cierto matiz a hierba mojada muy agradable.
En boca posee una entrada envolvente, es un vino redondo, carnoso, con taninos sumamente sedosos, con notas a frutas rojas como el fresón, roble cremoso, especiado y con un ligero matiz a cuero. Especias y buena madera en la retronasal para dar paso a un final largo y de buena persistencia.
Un vino excelente elaborado a través de una viticultura racional y de mínima intervención en la que el enólogo Francesc Grimalt se ha preocupado de trascender más allá de un proyecto solidario, un producto vinícola impecable. Ideal para maridar con carnes rojas a la parrilla, quesos y embutidos, se mostrará como fiel compañero de mesa en diversas ocasiones gastronómicas. De esta misma bodega cabe resaltar su joven 12 Volts y, por supuesto, uno de los vinos más apreciados de nuestro país, el impecable 4 Kilos. Mi calificación para este Gallinas & Focas en su añada de 2011 es de un 91 sobre 100.
jueves, 29 de mayo de 2014
Tierra Rubia 2006
Hace poco me recomendaron en una vinoteca el vino que os presento hoy. Andaba buscando algún monovarietal de syrah, que en España es una variedad que no prolifera demasiado con buenos resultados, suele dar mejores frutos en Francia o Australia, y me encontré con este Tierra Rubia del que lo primero que llama la atención es la botella, cuanto menos, poco ortodoxa.
La siguiente cosa que me llamó la atención fue la denominación de origen del vino en cuestión: Mondéjar. Afincada en la provincia de Guadalajara, se trata de una jovencísima denominación, que data de 1996, y para la que solo producen vinos de calidad dos bodegas. Una de ellas, de la que procede el vino analizado, es Bodegas Mariscal, cuya creación data de 1913, dedicada principalmente a vinos de mesa, hasta que en los últimos años han ido aportando también vinos de calidad.
Este Tierrra Rubia tocó el cielo con las manos al recibir el Bacchus de Oro por su añada de 2004 en la categoría de vino joven en contacto con madera. Una vez probado es algo que no deja de sorprenderme porque, si bien el vino no es malo, dista mucho de ser interesante o lo suficientemente complejo para recibir tan magno premio, siempre teniendo en cuenta que la añada que yo he probado no es la premiada. Además es un vino caro para su calidad (entre 10 y 13€) y nada fácil de encontrar ya que ha tenido una producción de tan solo 3000 botellas.
Se trata, como he dicho, de un monovarietal de syrah procedente de viñedos propios de la bodega (que curiosamente solo planta un 5% de los mismos con esta variedad), que ha tenido un breve paso por barricas de roble antes de pasar a ser embotellado.
A la vista presenta un intenso color granate con ribete rubí, poco cubierto y con lágrima de poca densidad.
En nariz es poco intenso y complejo, con notas frutales a frambuesas y arándanos y un pequeño fondo a madera.
En boca tiene una entrada agradable, con taninos maduros, buena acidez, cierta frutosidad y con un marcado matiz especiado. Vuelve a ser poco intenso, demasiado fácil de beber. La retronasal está dominada por notas especiadas, madera y regaliz. Final algo vacuo y con poca persistencia.
Un vino fácil para los no muy aficionados al vino, marida bien con aperitivos, ensaladas y carnes blancas. Lo cierto es que esperaba mucho más de este syrah, más si cabe teniendo en cuenta que por menos dinero hay propuestas mucho más interesantes en el mercado como por ejemplo el Finca Antigua, también de tierras manchegas. Mi calificación, por tanto, para este Tierra Rubia en su añada de 2006 es de un 85 sobre 100.
La siguiente cosa que me llamó la atención fue la denominación de origen del vino en cuestión: Mondéjar. Afincada en la provincia de Guadalajara, se trata de una jovencísima denominación, que data de 1996, y para la que solo producen vinos de calidad dos bodegas. Una de ellas, de la que procede el vino analizado, es Bodegas Mariscal, cuya creación data de 1913, dedicada principalmente a vinos de mesa, hasta que en los últimos años han ido aportando también vinos de calidad.
Este Tierrra Rubia tocó el cielo con las manos al recibir el Bacchus de Oro por su añada de 2004 en la categoría de vino joven en contacto con madera. Una vez probado es algo que no deja de sorprenderme porque, si bien el vino no es malo, dista mucho de ser interesante o lo suficientemente complejo para recibir tan magno premio, siempre teniendo en cuenta que la añada que yo he probado no es la premiada. Además es un vino caro para su calidad (entre 10 y 13€) y nada fácil de encontrar ya que ha tenido una producción de tan solo 3000 botellas.
Se trata, como he dicho, de un monovarietal de syrah procedente de viñedos propios de la bodega (que curiosamente solo planta un 5% de los mismos con esta variedad), que ha tenido un breve paso por barricas de roble antes de pasar a ser embotellado.
A la vista presenta un intenso color granate con ribete rubí, poco cubierto y con lágrima de poca densidad.
En nariz es poco intenso y complejo, con notas frutales a frambuesas y arándanos y un pequeño fondo a madera.
En boca tiene una entrada agradable, con taninos maduros, buena acidez, cierta frutosidad y con un marcado matiz especiado. Vuelve a ser poco intenso, demasiado fácil de beber. La retronasal está dominada por notas especiadas, madera y regaliz. Final algo vacuo y con poca persistencia.
Un vino fácil para los no muy aficionados al vino, marida bien con aperitivos, ensaladas y carnes blancas. Lo cierto es que esperaba mucho más de este syrah, más si cabe teniendo en cuenta que por menos dinero hay propuestas mucho más interesantes en el mercado como por ejemplo el Finca Antigua, también de tierras manchegas. Mi calificación, por tanto, para este Tierra Rubia en su añada de 2006 es de un 85 sobre 100.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Construcción de los artículos del blog (documentación, notas de cata, calificaciones...)
Con esta entrada quiero dejar claro mi modus operandi a la hora de gestionar un artículo de cualquiera de los vinos que analizo en el blog. Lejos de entradas mediatizadas o puntuaciones que atiendan a intereses comerciales, todos mis artículos surgen de mi propia experiencia con cada uno de los vinos, de manera honesta, reposada y absolutamente subjetiva.
Para documentar los datos que aporto sobre las bodegas, procesos de vinificación o variedades de uva utilizadas, entre otras cosas, recurro a las páginas web de las propias bodegas, en caso de que no las conozca de primera mano, o acudiendo a expertos contrastados. En caso de que surja cualquier tipo de duda con algún dato me pongo en contacto directo con las bodegas y, si se trata de vinos no españoles, con sus distribuidores.
Las imágenes están sacadas de internet y editadas por mí con Adobe Photoshop CS5. En caso de no encontrar imágenes adecuadas, hago todas las necesarias con mi propio equipo fotográfico y las vuelvo a retocar con el programa de edición antes mencionado, buscando elegancia y unidad estética para el blog.
Las notas de cata son EXCLUSIVAMENTE MÍAS. No utilizo ni guía ni apoyo en ningún lugar por lo que son producto de mi única y limitada experiencia. El vino, como cualquier otra cosa, es un mundo muy amplio y complejo y solo a base de experiencia mi vocabulario sensorial va creciendo, poco a poco, y voy aprendiendo a percibir olores y sabores que antes se escapaban a mi "radar". Las notas de cata de los vinos que analizo en el blog proceden de botellas que he probado en mi casa o en casas de amigos y familiares con una buena comida, reposadamente. Estas catas las hago casi en la totalidad de las ocasiones en copas bordelesas de la prestigiosa firma Schott Zwiesel cuyo vidrio es de excelente calidad y su diseño ayuda notablemente a apreciar los matices de cada vino. Nunca proceden de catas puras en otros lugares ya que en esos casos hay mil factores que pueden influir en la sensación final y la experiencia narrada puede ser poco fiable. Es decir, acudo habitualmente a catas, algunas de ellas en las que se analizan decenas de vinos, probando solo un poquito de cada uno, este tipo de catas me vienen muy bien para elegir o descartar futuras compras pero nunca para analizar un vino en el blog, ya que para eso necesito mucha mayor entrega al producto.
La forma que tengo de hacer la cata es la siguiente: antes de empezar a comer analizo el vino en todas sus fases, visual, olfativa y gustativa. Lo hago reposadamente y varias veces para captar todos los matices. Una vez tengo las notas de cata empiezo a comer y únicamente tras la experiencia completa doy mi calificación final. A veces incluso espero con el vino en la copa varias horas después de la comida para ver la evolución del mismo.
Para terminar, el tema de las calificaciones. Lo primero decir que JAMÁS deben ser tomadas como una verdad absoluta. Es, exclusivamente, MI VERDAD. El gusto de cada uno, el momento de tomar el vino, el maridaje, el estado de ánimo, el cuidado en la guarda de la botella y mil y un factores más condicionan la sensación final que percibimos de un vino, por lo cual, esta solo puede ser algo subjetivo. Se puede asumir como algo orientativo, más si coincidís con mis gustos, cada uno tenemos nuestras filias y fobias y cuanto más me leáis, más conoceréis las mías y podréis analizar si se ajustan o no a las vuestras. En cualquier caso, mi baremo de calificaciones se rige de la siguiente manera:
- 80 o inferior: vinos con defectos muy marcados, poco interesantes o recomendables, hay opciones mucho mejores en el mercado por ese precio.
- De 81 a 84: vinos reguleros, con defectos lo suficientemente apreciables como para no resultar la mejor opción de compra.
- De 85 a 87: vinos buenos a los que algunos pequeños matices les han impedido llegar más alto. Pueden ser recomendables cuidando siempre la mejor combinación.
- De 88 a 90: vinos notables, interesantes, aunque les falta algo más para llegar a ser memorables. A buen precio serán una excelente opción.
- De 91 a 95: vinos impecables, excelentes. Cuanto mayor sea la nota en este margen de puntuación, más complejo y memorable será el vino. Con 94 ó 95 estaría rozando la perfección.
- De 96 a 100: vinos espectaculares, memorables, únicos, experiencias inolvidables. Muy pocos vinos alcanzarán este nivel. Tampoco es necesario llegar a ello para disfrutar de grandes vinos, tened en cuenta que es muy probable que los que entren en este margen de puntuación serán muy exclusivos y caros, por lo que la relación calidad-precio puede caer en picado. Si veis un vino de menos de 30€ en este baremo lanzaros a por él como alma que lleva el diablo.
Espero, en definitiva, que esta pequeña entrada sirva a todos los que pasáis por estas páginas para entender mejor mi manera de analizar los vinos y así podáis sacar mayor partido a los contenidos del blog.
martes, 27 de mayo de 2014
Viña Alberdi Crianza 2007
Se trata de un monovarietal de tempranillo que ha pasado por una crianza de 24 meses en barricas de fabricación propia de roble americano, nuevas las del primer año y usadas en el segundo año de crianza. Es curioso y poco común el hecho de que las barricas sean fabricadas en la propia bodega con maestros artesanos de la madera que utilizan técnicas clásicas, en este caso con maderas de roble americano que han tenido un proceso de secado de dos años en la bodega.
No deja de asombrarme la calidad y elegancia en todos los productos de esta bodega, desde la botella, cápsula, corcho, hasta el mimo y calidad que emanan de sus vinos, auténticos clásicos por derecho de esta magnífica región vinícola. Entre los 11 y los 12€ podéis disfrutar de un vino impecable para cualquier ocasión.
A la vista presenta un sorprendente (para un crianza) color teja, con ribete anaranjado, media cobertura y lágrima de media densidad muy brillante.
En nariz nos trae aromas frutales muy intensos, a cerezas y guindas, notas de chocolate y roble cremoso.
En boca tiene una entrada fresca y jovial, con ácidos muy equilibrados, frutal, de nuevo aparecen las guindas y cerezas, mostrando unos taninos maduros, sedosos, con la madera bien ensamblada y algo especiado. Ese roble cremoso y las especias se hacen dueños de la retronasal ofreciendo un buen final de persistencia media. Muy elegante.
Un joven clásico de La Rioja, que dará muy felices momentos en todo tipo de encuentros gastronómicos, desde arroces, aperitivos o ensaladas a guisos de carne y pescados frescos a la plancha. Un imprescindible en nuestra vinoteca que además sirve de iniciación a los vinos de esta impecable bodega. Pasar a degustar, tras este buen comienzo, un Viña Ardanza o un Gran Reserva 904, serán consecuencia inevitable de tan buen hacer en esto del vino. Mi calificación para este Viña Alberdi en su añada de 2007 es de un 92 sobre 100.
sábado, 24 de mayo de 2014
Victorino 2011
El vino de hoy es un vino muy especial. Lo primero de todo porque me ha servido para celebrar el que hubiera sido el cumpleaños número cien de mi abuelo, Pablo Nevado. Curiosamente este vino está vinificado por la familia Eguren y es un tributo de ellos a su propio abuelo. Y como todo lo que sentimos por nuestros abuelos, es un vino hecho desde el amor, con delicadeza, con entrega y profundo respeto a nuestras raíces.
Los Eguren se trasladan a Toro para crear el proyecto Numanthia que en 2004 eleva su Termanthia a los 100 míticos puntos Parker. Más tarde venden esta bodega al elitista grupo Louis Vuitton- Möet Hennessy y proyectan una nueva que se acabaría convirtiendo en realidad en 2007 con el nombre de Teso la Monja. A partir de ahí el enólogo de la familia, Marcos Eguren, empieza a trabajar la tinta de Toro (tempranillo) para sacarle su máxima expresión.
El vino, por tanto, es un monovarietal de tempranillo procedente de uvas bajo una rigurosa selección a mano, nacidas de cepas con una antigüedad superior a los 45 años. Ha recibido una crianza en barricas nuevas de roble francés de 18 meses con trasiegos cada cuatro. Es absolutamente increíble probar un vino con menos de tres años de edad que presente semejante complejidad, armonía y equilibrio. De lo mejor que he probado jamás. Eso sí, seguramente mejorará en botella durante años, ahora, como mínimo, hay que exigir una decantación de dos horas previas al consumo.
A la vista presenta un color picota muy oscuro con ribete violáceo, muy cubierto, con lágrima densa y bien tintada.
En nariz es intenso, perfumado, con notas de frutos negros, moras y arándanos, mineral y con leves recuerdos a chocolate con leche.
En boca es demoledor: redondo con taninos maduros, fruta madura intensa, ácidos potentes y equilibrados, matices avainillados, roble cremoso, complejo, mostrando una armonía y equilibrio extremos.En la retronasal domina la cremosidad del roble y unos matices balsámicos que envuelven el paladar. Final muy largo y con gran persistencia.
Un vino único que solo pueden hacer personas que miman sus viñedos, su fruta, que tienen oficio y VERDAD, que tienen unas raíces tan fuertes como sus cepas, como las de su abuelo y las del mío.
Vino ideal por su cuerpo y carácter para maridar con guisos potentes, caldereta de cordero, carnes a la brasa y quesos bien curados. Muy recomendable también, en esta misma línea de precio (en torno a los 35€), otra joya de Toro, Numanthia 2010, actualmente vinificado por el prestigioso enólogo portugués Manuel Louzada. Mi calificación para este Victorino en su añada de 2011 es de un 96 sobre 100.
Los Eguren se trasladan a Toro para crear el proyecto Numanthia que en 2004 eleva su Termanthia a los 100 míticos puntos Parker. Más tarde venden esta bodega al elitista grupo Louis Vuitton- Möet Hennessy y proyectan una nueva que se acabaría convirtiendo en realidad en 2007 con el nombre de Teso la Monja. A partir de ahí el enólogo de la familia, Marcos Eguren, empieza a trabajar la tinta de Toro (tempranillo) para sacarle su máxima expresión.
El vino, por tanto, es un monovarietal de tempranillo procedente de uvas bajo una rigurosa selección a mano, nacidas de cepas con una antigüedad superior a los 45 años. Ha recibido una crianza en barricas nuevas de roble francés de 18 meses con trasiegos cada cuatro. Es absolutamente increíble probar un vino con menos de tres años de edad que presente semejante complejidad, armonía y equilibrio. De lo mejor que he probado jamás. Eso sí, seguramente mejorará en botella durante años, ahora, como mínimo, hay que exigir una decantación de dos horas previas al consumo.
A la vista presenta un color picota muy oscuro con ribete violáceo, muy cubierto, con lágrima densa y bien tintada.
En nariz es intenso, perfumado, con notas de frutos negros, moras y arándanos, mineral y con leves recuerdos a chocolate con leche.
En boca es demoledor: redondo con taninos maduros, fruta madura intensa, ácidos potentes y equilibrados, matices avainillados, roble cremoso, complejo, mostrando una armonía y equilibrio extremos.En la retronasal domina la cremosidad del roble y unos matices balsámicos que envuelven el paladar. Final muy largo y con gran persistencia.
Un vino único que solo pueden hacer personas que miman sus viñedos, su fruta, que tienen oficio y VERDAD, que tienen unas raíces tan fuertes como sus cepas, como las de su abuelo y las del mío.
Vino ideal por su cuerpo y carácter para maridar con guisos potentes, caldereta de cordero, carnes a la brasa y quesos bien curados. Muy recomendable también, en esta misma línea de precio (en torno a los 35€), otra joya de Toro, Numanthia 2010, actualmente vinificado por el prestigioso enólogo portugués Manuel Louzada. Mi calificación para este Victorino en su añada de 2011 es de un 96 sobre 100.
viernes, 23 de mayo de 2014
Pittacum 2008
Tenía muchas ganas de traeros a estas páginas un buen vino del Bierzo. Esta denominación de origen, con su uva mencía por bandera, se ha convertido en una de mis favoritas y probablemente se distingue como la región con más proyección futura de todas las que hay en España. Sus vinos son sumamente elegantes y con el carácter típico de los vinos de Castilla y León, quizás la comunidad autónoma con mayor riqueza vinícola del mundo.
Y un buen referente de este tipo de vinos nos lo ofrece la bodega Pittacum, que basa su labor en el trabajo con frutos procedentes de cepas viejas de entre 50 y 80 años, algunas procedentes de su plantación propia de 5 hectáreas y otras seleccionada de diferentes viñedos de la región de El Bierzo.
Pittacum 2008 es un monovarietal de uva mencía que ha tenido una crianza de 8 meses en barrica con sus propias lías, para pasar a ser clarificado con clara de huevo y posteriormente embotellado. Otro de los valores añadidos de la zona es la excelente relación calidad-precio de sus vinos, en el caso del que hoy analizo se mueve entre los 8 y 9€.
A la vista presenta un color granate con ribete rubí, media cobertura y lágrima de densidad media. Limpio y brillante.
En nariz se muestra intenso y frutal, envolvente, destacan recuerdos a moras y arándanos presentando una marcada mineralidad. De fondo entrega también pequeños matices vegetales de bosque y notas a cacao.
En boca tiene una entrada amable y sumamente elegante, con unos taninos bien estructurados y ligeramente aterciopelados, con fruta madura y madera bien ensamblada dándose la mano, también en la retronasal. Fácil de beber, armonioso y equilibrado, muestra un final de medio recorrido y una persistencia media.
Para ser un vino del Bierzo le falta algo de carácter y potencia en boca pero a cambio ofrece un vino muy elegante y fácil de beber, ideal como fondo de vinoteca prestándose para maridar con cremas frías, ensaladas, aperitivos, pescados blancos a la plancha y carnes blancas. En esta región destacan también otros vinos que acabarán pasando por estas páginas como el Losada o el Cuatro Pasos, que entregan una mencía con mayor carácter. Mi calificación para este Pittacum en su añada de 2008 es de un 89 sobre 100.
Y un buen referente de este tipo de vinos nos lo ofrece la bodega Pittacum, que basa su labor en el trabajo con frutos procedentes de cepas viejas de entre 50 y 80 años, algunas procedentes de su plantación propia de 5 hectáreas y otras seleccionada de diferentes viñedos de la región de El Bierzo.
Pittacum 2008 es un monovarietal de uva mencía que ha tenido una crianza de 8 meses en barrica con sus propias lías, para pasar a ser clarificado con clara de huevo y posteriormente embotellado. Otro de los valores añadidos de la zona es la excelente relación calidad-precio de sus vinos, en el caso del que hoy analizo se mueve entre los 8 y 9€.
A la vista presenta un color granate con ribete rubí, media cobertura y lágrima de densidad media. Limpio y brillante.
En nariz se muestra intenso y frutal, envolvente, destacan recuerdos a moras y arándanos presentando una marcada mineralidad. De fondo entrega también pequeños matices vegetales de bosque y notas a cacao.
En boca tiene una entrada amable y sumamente elegante, con unos taninos bien estructurados y ligeramente aterciopelados, con fruta madura y madera bien ensamblada dándose la mano, también en la retronasal. Fácil de beber, armonioso y equilibrado, muestra un final de medio recorrido y una persistencia media.
Para ser un vino del Bierzo le falta algo de carácter y potencia en boca pero a cambio ofrece un vino muy elegante y fácil de beber, ideal como fondo de vinoteca prestándose para maridar con cremas frías, ensaladas, aperitivos, pescados blancos a la plancha y carnes blancas. En esta región destacan también otros vinos que acabarán pasando por estas páginas como el Losada o el Cuatro Pasos, que entregan una mencía con mayor carácter. Mi calificación para este Pittacum en su añada de 2008 es de un 89 sobre 100.
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