Los Balancines es una bodega extremeña emblemática con vinos muy reconocidos tanto a nivel nacional como internacional. Sus viñedos se asientan en Mérida, en un pago con unas cualidades muy especiales, ubicado geográficamente entre dos sierras y definido a través de una agricultura ecológica, con un cuidado extraordinario por el la viña y el fruto de la misma.
Dependiendo de las condiciones climatológicas de cada año el equipo enológico de la bodega elige las proporciones de este vino, que en este caso se trata de un coupage de las variedades garnacha, tempranillo, cabernet sauvignon y syrah cuya fermentación se ha realizado en depósitos de cemento con remontados manuales, recibiendo una crianza de 12 meses en barricas de roble francés.
Se trata de un vino con carácter, muy mineral, mucho más equilibrado en nariz que en boca debido a un exceso de alcohol (15 grados) que aniquila en cierta medida la fruta.
A la vista presenta un color picota con ribete violáceo, bien cubierto y con lágrima densa.
En nariz se muestra intenso y amplio. Notas de fresas, frambuesas, fruta de hueso, chocolate, confitura de moras y roble cremoso conforman un perfil complejo y muy interesante.
En boca posee una entrada potente, licorosa y envolvente, con taninos ligeramente secos. Notas de fruta madura, madera húmeda y cuero se unen a una importante sensación de calidez debido al exceso de alcohol. Muy mineral. La retronasal nos habla de hierbas de monte y especias con un final algo amargo. Final de medio recorrido y persistencia correcta.
Por unos 12€ podéis disfrutar de un buen vino extremeño, algo pasado de alcohol pero con unos matices olfativos espectaculares. Marida bien con guisos de legumbres, carnes rojas y quesos bien curados. Mi calificación para este Pago Los Balancines Huno en su añada de 2011 es de un 89 sobre 100.
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viernes, 24 de octubre de 2014
martes, 9 de septiembre de 2014
Palacio Quemado Reserva 2010
Además de los vinos de la tierra de Extremadura, en esta bendita región se encuentran excelentes muestras de vinificación amparadas en la DO Ribera del Guadiana. Perteneciente al gran emporio empresarial de Bodega Alvear, se crea la Bodega Palacio Quemado en 1999, con la intención de hacer vinos de calidad en una zona muy especial, con un clima cálido, suelos arcillosos a 520 metros de altitud en una finca de 100 hectáreas de viñedo a sólo 18 kilómetros de Mérida.
El vino que os traigo hoy es un monovarietal de tempranillo procedente de cepas viejas que ha recibido una crianza de 16 meses en barricas de roble francés (70%) y americano (30%) para posteriormente descansar otros 20 meses en botellero antes de salir a la venta.
A pesar de su crianza, es un vino que no se ajusta al canon de "reserva", ya que tanto en color, como en aromas y sabores da la sensación de ser un vino fresco, con marcada juventud y un equilibrio interesante que le otorga la madera.
A la vista presenta un color picota con ribete violáceo, media cobertura y lágrima densa.
En nariz se muestra fresco, vivo, casi atrevido. Entrega notas de frutos rojos, regaliz, flores, chocolate, vainilla y un marcado matiz mineral que recuerda al alquitrán.
En boca posee una entrada golosa, dulce y amplia. Presenta unos taninos maduros entregando notas de cerezas, arándanos, regaliz rojo y piruleta. El punto justo de acidez unido a una marcada dulzura lo convierten en un vino que invita a beber más. La retronasal se ve bañada de fruta madura, mermelada de moras y ciruelas y un toque de buena madera. Final de medio recorrido y buena persistencia.
Por tan solo 8€ se puede disfrutar de un vino diferente, divertido y muy agradable, que muestra lo que puede entregar la tempranillo en tierra de conquistadores. Marida bien con ensaladas frescas, aperitivos, foie, quesos semicurados y carne de cerdo ibérico a la plancha en cualquiera de sus expresiones. Mi calificación para este Palacio Quemado Reserva en su añada de 2010 es de un 89 sobre 100.
El vino que os traigo hoy es un monovarietal de tempranillo procedente de cepas viejas que ha recibido una crianza de 16 meses en barricas de roble francés (70%) y americano (30%) para posteriormente descansar otros 20 meses en botellero antes de salir a la venta.
A pesar de su crianza, es un vino que no se ajusta al canon de "reserva", ya que tanto en color, como en aromas y sabores da la sensación de ser un vino fresco, con marcada juventud y un equilibrio interesante que le otorga la madera.
A la vista presenta un color picota con ribete violáceo, media cobertura y lágrima densa.
En nariz se muestra fresco, vivo, casi atrevido. Entrega notas de frutos rojos, regaliz, flores, chocolate, vainilla y un marcado matiz mineral que recuerda al alquitrán.
En boca posee una entrada golosa, dulce y amplia. Presenta unos taninos maduros entregando notas de cerezas, arándanos, regaliz rojo y piruleta. El punto justo de acidez unido a una marcada dulzura lo convierten en un vino que invita a beber más. La retronasal se ve bañada de fruta madura, mermelada de moras y ciruelas y un toque de buena madera. Final de medio recorrido y buena persistencia.
Por tan solo 8€ se puede disfrutar de un vino diferente, divertido y muy agradable, que muestra lo que puede entregar la tempranillo en tierra de conquistadores. Marida bien con ensaladas frescas, aperitivos, foie, quesos semicurados y carne de cerdo ibérico a la plancha en cualquiera de sus expresiones. Mi calificación para este Palacio Quemado Reserva en su añada de 2010 es de un 89 sobre 100.
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